Un familiar te dejó vivir en un piso suyo cuando lo necesitabas. Llevas allí años, has hecho tu vida, quizá has pagado la luz y alguna reforma. Y ahora te llega una demanda de desahucio por precario: quiere que te vayas. La pregunta que te angustia es directa: ¿tengo que irme sí o sí, o puedo defenderme? La respuesta honesta es que depende, y conviene conocer bien de qué, porque hay defensas que funcionan y otras que no llevan a ningún sitio.
Este artículo mira el problema desde tu lado, el del que ocupa la vivienda. No para alargar lo inevitable, sino para que sepas con realismo qué cartas tienes y cuáles no. Empecemos por lo que de verdad decide el pleito.
Precario y comodato: de qué depende que puedas quedarte
Cuando alguien te deja usar su casa gratis, esa cesión puede ser de dos tipos, y la diferencia lo cambia todo.
Si fue un precario, estás usando la vivienda por mera tolerancia del dueño, sin un título que te proteja. En ese caso el propietario puede recuperarla cuando quiera, y poco hay que hacer frente al desahucio salvo ganar tiempo.
Si fue un comodato, la cosa cambia. El comodato es un préstamo de uso con un límite: un plazo o un uso concreto. Mientras ese plazo o ese uso sigan vivos, el dueño no puede echarte sin más. Está en el artículo 1740 y siguientes del Código Civil. Tu defensa pasa, casi siempre, por demostrar que lo tuyo fue un comodato todavía vigente y no un simple precario.
Tu verdadera carta: probar que había un plazo o un uso concreto
Aquí está el centro de tu defensa. Para oponerte con éxito al desahucio no basta con decir que el dueño te dejó entrar. Eso lo da por supuesto. Lo que tienes que acreditar es que existía un plazo pactado o un uso concreto que todavía no ha terminado.
Y ojo con un punto que el Tribunal Supremo ha dejado muy claro en su Sentencia de 21 de julio de 2026: la carga de probarlo es tuya. No es el dueño quien tiene que demostrar que puedes irte; eres tú quien tiene que demostrar que puedes quedarte. Si no lo pruebas, se aplica el artículo 1750 del Código Civil, que permite al propietario reclamar la vivienda a su voluntad.
Lo que no te sirve de defensa
Conviene ser claro para que no pierdas el tiempo ni el dinero en argumentos que los tribunales ya han rechazado:
- «Me la dejó mientras lo necesitara.» El Supremo ha dicho que esto no fija ningún plazo. Vivir en una casa no tiene fecha de fin, así que «mientras lo necesites» no acota nada y no te blinda.
- «Llevo aquí muchos años.» El tiempo transcurrido no convierte una tolerancia en un derecho.
- «He pagado la luz, el agua y arreglos.» Pagar suministros o gastos de conservación no crea por sí solo un título que impida el desahucio.
- «El dueño no necesita la casa.» Cuando no hay plazo pactado, la necesidad del propietario es irrelevante: puede reclamar igual.
Lo que sí puede sostener tu defensa
No todo está perdido. Hay situaciones en las que de verdad tienes algo que alegar:
- Un plazo o un uso concreto aún no agotado. Si se pactó que podías quedarte hasta una fecha o para un fin determinado que todavía no ha concluido, el comodato sigue vivo y el dueño debe respetarlo.
- Prueba de ese pacto. Un mensaje, un correo, un testigo creíble, cualquier cosa que acredite que no fue una simple tolerancia sino un acuerdo con límite.
- Un título distinto. Si en realidad había un arrendamiento encubierto, un derecho de uso, o cualquier otro título, la vía del precario podría no ser la correcta.
Cómo se defiende un desahucio por precario
El desahucio por precario se tramita por el juicio verbal del artículo 250.1.2.º de la Ley de Enjuiciamiento Civil. Si te ha llegado la demanda, estos son los pasos sensatos:
- No ignores la demanda. Tiene plazos cortos. No contestar es la forma más rápida de perder.
- Reúne pruebas del pacto. Todo lo que demuestre que había un plazo o un uso concreto, y no una mera tolerancia.
- Valora de verdad tus opciones. Si no hay plazo que probar, a veces lo más inteligente no es resistir hasta el final, sino negociar una salida ordenada y con tiempo.
- Piensa en la relación. Detrás suele haber un familiar. Un acuerdo puede ahorrar el pleito y lo que viene después.
Nuestro criterio
En el despacho atendemos las dos caras de este conflicto, y la del ocupante es a menudo la más dura, porque se mezcla la necesidad de vivienda con una relación personal rota. Lo primero que hacemos es ser honestos: si lo que hubo fue una tolerancia sin plazo, resistir el desahucio a toda costa suele salir caro y termina igual. La energía se aprovecha mejor negociando una salida digna.
Pero cuando sí había un acuerdo con límite, la defensa es real y merece pelearse. La clave está en la prueba, y por eso conviene revisar el caso cuanto antes. A veces, además, lo que parece un precario esconde otra realidad jurídica, y conviene no confundirlo con una verdadera ocupación ilegal de vivienda ni con otros conflictos inmobiliarios que se resuelven por caminos distintos.
Si te reclaman la casa que te dejaron, hazte la pregunta honesta antes de decidir cómo actuar: ¿puedes demostrar que te la cedieron por un tiempo o para un fin que todavía no ha terminado? Si la respuesta es sí, tienes defensa. Si es no, el mejor movimiento quizá no sea pelear, sino negociar.
Referencias
- Artículos 1740, 1749 y 1750 del Código Civil (BOE-A-1889-4763): comodato, reclamación tras el uso o por urgente necesidad, y reclamación a voluntad cuando no hay plazo ni uso determinado, con la carga de la prueba a cargo del comodatario.
- Artículo 250.1.2.º de la Ley 1/2000, de Enjuiciamiento Civil (BOE-A-2000-323): desahucio por precario por los cauces del juicio verbal.
- STS de 21 de julio de 2026 (rec. 7016/2025, ECLI:ES:TS:2026:3345), en la línea de la STS 910/2008, de 2 de octubre.